Más allá de la cotización del dólar.
Un aporte más o menos ordenado para identificar los ejes conceptuales de mediano y largo plazo de un borrador de políticas públicas

Por José Alberto Bekinschtein

1. Un Estado que facilite el desarrollo, papel y tamaño.
a) Definir los límites recíprocos y cómo promover interrelaciones virtuosas entre mercado, empresas y Estado.
b) A diferencia de la actual discusión de “sentido común” acerca de cuán rápido hay que reducir el Estado, el eje debería ser definir primero qué Estado se pretende y recién en función de ello predecir su tamaño. Hay que coincidir en qué servicios debe ofrecer, cuáles serán sus ámbitos de participación y con que calificaciones debe contar para responder a las demandas cuya satisfacción se le atribuyan. El Estado Nacional en todos sus niveles responde hoy por el 35% del empleo total, exactamente la misma proporción que marca el promedio de la OCDE y algunos puntos menos de ocupación pública que en los países escandinavos. NO se trata entonces de una cuestión de tamaño sino de roles, fines y calificación de sus recursos.

2. Las empresas: incentivos de largo plazo y organización corporativa.
Las conductas empresarias locales son universalmente cortoplacistas. Quien emprende inversiones de largo plazo de maduración es suicida o está recibiendo ganancias extraordinarias, no por una conducta schumpeteriana sino para compensar riesgos (impagos del Estado o clientes, saltos inflacionarios, cambios bruscos en la administración cambiaria y fiscal, expropiaciones de jure o de hecho, etc.) Ningún gobierno per se puede garantizar el cumplimiento de condiciones para la inversión más allá de los cuatro años que dura y ni siquiera eso.
Se trata entonces de construir un sistema jurídico-político-institucional que siente garantías de permanencia de ciertas condiciones básicas de políticas macro, de aplicación de la ley y de erradicación de modificaciones bruscas en política fiscal, cambiaria y comercial. Acuerdos subconstitucionales, Planes orientativos, Consejos de Estado, regímenes regionales o internacionales a los cuales adherir pueden ser conjunta o alternativamente, los caminos institucionales para ello.
A cambio de esa garantía las empresas deberán acceder a incorporar políticas de transparencia, sobre todo en aspectos laborales (empleo en blanco), fiscales y financieros. Deberán estar sobre la mesa metas de inversión, capacitación, ocupación, desarrollo de proveedores, articulación con políticas de desarrollo regional. Deberán aceptar eventualmente reorganizaciones corporativas con cierta participación de trabajadores además de monitoreo público efectivo cuando estén involucradas en contratos con el Estado, reciban beneficios de promoción o subsidios de algún tipo. El modelo alemán de organización empresarial es un antecedente para tomar en cuenta.

3. Una visión de país: Para el largo plazo no hay “medidas”: sólo hay políticas integrales, planes, visiones, metas. A modo de ejemplo, el actual gobierno crea sendas subsecretarías de movilidad en bicicleta y peatonal. El gobierno municipal llena la ciudad de ciclovías. Pero no existe un Plan Integral de transporte que trate el cómo se conjugan todos los medios. Y no sólo en transporte: todo aquello que es infraestructura debe estar acomodado por definición, a planes de no menos de cinco años que concilien los efectos directos e indirectos de las obras y políticas que se prevén. Circunstancialmente la inclusión obligada de obras en planes de mediano y largo plazo validados públicamente (¿Congreso?) evitará la aparición subrepticia de proyectos impulsados por intereses localistas o directamente corruptos. La PPP no evita esto . (¿Qué antecedentes de costo-beneficio tienen algunas obras en el sector de transporte, de triste protagonismo?). Un plan integral de transporte, de existir también comprendería el dónde se invierte y cómo se financia, de modo de terminar entre otros, con sistemas opacos. corruptos e ineficientes de subsidios.

4. La base de las políticas de largo plazo debe ser el territorio y la población.
La claridad acerca de metas de ocupación y distribución del territorio es lo que define sin duda qué políticas e instrumentos se aplicarán de allí para arriba. Son las fundaciones del edificio. No habrá reformas a la coparticipación que puedan evitar negociaciones infinitas con cada jurisdicción sino hay un acuerdo acerca de qué se pretende desde la Nación en términos de ocupación territorial y desarrollo regional. Las políticas educativas y de salud, así como las fiscales y por supuesto las de obras públicas, deben estar predeterminadas por tal visión territorial so pena de marginalizar definitivamente una parte de la Nación. El corto plazo y el mercado sólo lograrán agudizar una situación de concentración en la metrópoli y pauperización de las periferias que no augura nada bueno en términos de conflicto social. Por el contrario, disponer de metas acordadas en términos de equilibrios territoriales a alcanzar, servirá como marco para emprender políticas eficaces y poder descartar con argumentos institucionales (“lo siento, me gustaría ayudarlo señor gobernador/intendente, pero están fuera del plan vigente”) aquellas que sólo respondan a quid pro quo electorales o corruptos. Y dentro de la población, el (nuevo) papel del trabajo y de la educación.

5. La política monetaria (dura o blanda, no importa) no es remplazo de una política integral de ingresos y precios. La inflación recurrente en la Argentina (y la evolución del tipo de cambio real, como consecuencia), es el síntoma de una disputa mal resuelta por la distribución del ingreso. En 1960 el quizá más importante economista argentino del último siglo decía:

Las imperfecciones del mercado se traducen por deficiencias del sistema de precios: en tal sentido, la presión no monetaria sobre el sistema de precios es tanto mayor cuanto más defectuoso es el sistema de precios vigente.

Y, a continuación

Las imperfecciones del sistema de precios suelen ser comparativamente altas en las economías de desarrollo insuficiente, por falta de una adecuada extensión u organización de los mercados internos.

En esa nota, Olivera destacaba ya el papel de la economía real en el fenómeno inflacionario, la importancia de los cambios en los precios relativos (o sea en cómo se distribuye la renta) y porqué las soluciones puramente monetarias serían insuficientes para remediar un problema que excedía el ámbito de la banca central.

6. Una visión estructurada de las relaciones exteriores.
El cómo vincularse con nuestro espacio económico exterior exige también una visión previa: ¡Cómo nos lanzamos a un acuerdo con la Unión Europea si no tenemos clara una visión de país y sobre todo ni siquiera sabemos cómo quisiéramos vincularnos con nuestro principal socio económico y comercial extrarregional ! La concepción puramente instrumental –“cualquiera sea el resultado del acuerdo (con la UE) nos traerá beneficios puesto que engendrará competencia”-, no puede remplazar una concepción integral de las relaciones exteriores en un mundo cambiante donde los paradigmas mueren a diario. Tanto como un posible acuerdo de LC con China, si hay un beneficio, él se derivaría de la propia discusión interna del Acuerdo, que obligaría a definir modelos, estrategias, planes. El Acuerdo con China generó en Australia un debate estratégico que demandó…. 10 años.