¿A ELLOS NO LES PASARON COSAs?

Por Hernán Neyra

Una manera de ver el mundo es desde la propia y única perspectiva. Es ese centro sobre sí mismo que hace que nuestra visión sea siempre sesgada hacia la creencia de que lo que nos pasa les tiene que pasar a todos. La existencia del otro parece resultar problemática: el otro pone los límites a mi libertad y – también – a mis discursos.

Nos han dicho que “pasaron cosas”. Y que debido a esas cosas que no sabemos qué fueron, no pudimos crecer tanto como lo hubiéramos querido o tanto como hubiéramos podido. Pero que, de todas formas, ésta vez sí va en serio y que esta vez el crecimiento será real y sostenido. Veamos entonces el efecto de las cosas, no solamente sobre la Argentina, sino sobre América del Sur en los últimos años.

Comenzamos con un gráfico que muestra la evolución del PBI entre 2004 y 2018. El año 2004 es la base 100. Así, si el producto es un 35% más que en 2004, el valor para 2018 debería ser 135. Y en ese gráfico vemos los valores para Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay, Perú y Uruguay.

cuadro 1

Lo primero que sorprende es que parece que a Perú no le “pasaron cosas”. Tampoco a Paraguay, a pesar de que su economía cayó en 2009 y lo mismo en 2012. Tampoco le pasaron cosas a Uruguay, porque creció fuertemente. Perú logró duplicar su producto en tan solo 15 años, entre 2004 y 2018. En Paraguay y Uruguay creció más del 80%. Y los datos para Argentina y Brasil muestran que creció bastante menos, alrededor de la mitad de lo que creció para sus socios del Mercosur, en torno a un 40% en 15 años.

Así, uno podría suponer que el efecto de la crisis de 2009, que fue internacional, tuvo graves consecuencias. Entonces, nada mejor que ver qué pasó más detalladamente entre 2011 y 2018, ya habiendo pasado lo peor de la crisis.

El gráfico siguiente es el recorte, con 2011 como base 100, de lo que ocurrió en los mismos países en términos de producto bruto interno.

cuadro 2

Y ahora la cosa se complica más, porque a todos les ha ido bien, salvo a Argentina y Brasil. Pero, para colmo de males, pareciera que el pico de la crisis de Brasil fue en 2016, ya que en 2017 y 2018 la economía creció. Si bien poco, hay dos años de crecimiento seguidos. Desde 2011 la Argentina no pudo crecer dos años seguidos. Increíblemente, podamos llegar a tener dos años de caída seguida entre 2018 y 2019, mientras todos nuestros vecinos, subdesarrollados, marginales, dependientes de exportaciones primarias como nosotros, crecen a tasas altas.

Es curioso también que el Presidente se pregunte ¿quién no quiere crecer? Tan curioso es como preguntarse ¿por qué no le pregunta a los que saben? Que consulte con cualquiera, salvo con los Ministros de Economía de Cristina (Boudou, Lorenzino, Kicillof )y los suyos (Prat Gay y Dujovne). Los ministros del resto de los países de la región podrían darle algunas pistas.

Con esta perspectiva que tenemos para la Argentina, estamos a las puertas de una segunda década perdida, ya que vamos a cerrar 2019 con unos niveles de PBI similares o inferiores a los de 2011. Esto solo debería ser motivo para preocuparse y exigir – a la vez -, definiciones sobre qué futuro queremos. Las dos últimas presidencias no han podido crear empleo ni crear riqueza. La Argentina destruye empleos en forma sostenida desde hace años. Y destruye, principalmente, los mejores empleos: los de salarios medio altos y en blanco. Y solo crea puestos mal remunerados y en negro, alimentando un peligro a futuro con las jubilaciones.

Una economía que sigue pensando que el tipo de cambio es la base de la política de estabilización de precios después de estar convencidos de que había que devaluar urgentemente (tanto Cristina como Macri), nos muestra que no hay indicios del mediano o largo plazo. Una economía que sigue priorizando las tasas de interés para frenar corridas cambiarias, beneficiando al sector financiero en desmedro del resto de los sectores, también abona la idea de que no hay futuro. Esto es lo que nos pasó en los últimos 8 años, dos presidentes, 5 ministros y la misma idea errática de priorizar los resultados electorales, sin importar las consecuencias sociales.

A la deriva ¿seguiremos esperando salvadores? ¿o buscaremos por fin soluciones a los problemas de fondo? El arreglo de los pagos de la deuda externa, el perfil productivo futuro y la generación de empleo deberían ser las prioridades para el nuevo turno presidencial. Esperemos que esas sean las exigencias de los electores para con los candidatos.