HORAS ANTES DEL 30 DE AGOSTO DE 2018

Por Hernán Neyra

En economía los resultados nunca son casuales. Para llegar a cierto punto, podemos saber que hubo una serie de condiciones previas.

El pasado 30 de agosto el dólar llegó a $41.-, alcanzando un récord absoluto, poniendo en evidencia lo obvio: no hay conducción económica ni política.

Quizás dentro de estas “no casualidades” haya que contar un mensaje del Presidente de la Nación en el que aseguraba que el FMI adelantaba los fondos comprometidos para el año entrante. Los problemas con este escueto e insípido mensaje (como si no pudiera ser anunciado por el Secretario de Finanzas) son: a) que el mismo Presidente había asegurado que los U$S 29.000 millones restantes jamás serían usados, sino que estaban como reaseguro de que sobraba la plata; b) el FMI no había ya acordado el giro del dinero sino que – de palabra de su titular – se harían las gestiones para hacerlo; c) que el entonces Ministro de Finanzas de la Nación, el Sr. “Toto” Caputo, había declarado frente al Senado de la Nación, pocos meses antes, que de ninguna manera hacía falta dinero adicional porque el dinero necesario hasta el final de 2019 estaba ya asegurado. Evidentemente no puede ser más contradictorio. Si así trabaja un equipo, no quisiera saber cuál es su visión de tipos haciendo lo que les venga en gana sin coordinación alguna. Junto a esto, el Sr. Jefe de Gabinete dice que “No estamos frente a un fracaso económico”, mientras habla el Presidente y el dólar se dispara. Ni tampoco le parece un fracaso el hecho de que el dinero comprometido con el FMI venía atado a algunas condiciones (tasa de inflación menor al 32% anual) que son incumplibles con una devaluación de estas magnitudes. Aumento de la pobreza, aumento de la inflación, freno mayor a la actividad, caída en la inversión productiva… nada de eso le parece al Sr. Jefe de Gabinete un fracaso económico en 2 años y medio de gobierno.

Quizás Franco no le haya leído cuentos antes de dormirse a Mauricio cuando niño. Y menos fábulas, como “El pastorcito y el lobo”. Y quizás tampoco haya tenido él mismo tiempo de leerla de grande. Una lástima… porque se hubiera dado cuenta de que tiene un problema más serio del que cree. Esopo - de él es la fábula -, nos dijo en el s. VI a.C. en la moraleja de esa fábula que “En boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”. Hace más de 2.500 años que en occidente sabemos que la verdad necesita ciertas condiciones para ser considerada cierta. La verdad no alcanza: necesitamos la credibilidad del interlocutor. Solamente la soberbia puede llevar por ese camino de suponer que “mi palabra basta”, a pesar de las anteriores palabras. En términos políticos luego lo traducimos como “encierro”, “camarillas”, “un presidente aislado”, etc. Pero se reduce a la soberbia y a la falta de credibilidad conseguida a fuerza de soberbias anteriores.

Para que esto no sea solamente un análisis moral, vamos a ver cuánto hay de verdad en el discurso. En el siguiente gráfico puede verse qué ocurrió con el consumo público (gasto público) desde 2004 hasta el cierre de 2017. Allí puede verse que los que se llenaron la boca hablando del exceso del gasto, en 2016 aumentaron el gasto respecto de 2015, que había sido un récord histórico respecto de la participación del gasto sobre el PBI.

Para 2017 el gasto bajó, es cierto. Pero el valor de verdad de la verdad depende de la credibilidad de quien la dice ¿no? El gasto en 2017 siguió siendo más alto que en 2015, año récord de aquellos de los que se dijo que eran irresponsables por los altísimos niveles de gasto público.

cuadro 1

Fuente: Datos oficiales del Ministerio de Hacienda

El Sr. Presidente, además, usa imágenes de la naturaleza, como una tormenta. El uso de la metáfora no es casual: nada puede hacerse frente a la tormenta. Pero eso es cierto solo si estamos en nuestras casas. El problema está en que la economía no es una ciencia estática porque la realidad no lo es. La economía es permanente cambio. Y el Estado hace las veces de conductor. Frente a la tormenta, el capitán del barco tiene varios cursos posibles a seguir. De su capacidad y su pericia depende el éxito del recorrido de la nave y los tripulantes. La imagen de la tormenta contra la que nada puede hacerse es la que él necesita para explicar que hay un solo rumbo posible. En ese caso el destino está marcado. Y, como en una tragedia shakesperiana estamos condenados a morir en nuestra ley, porque somos los que somos.

cuadro 2

De todas maneras, esta sensación de que nada ha cambiado, se matiza un poco cuando se ve que la insatisfacción es pareja para todos. Veamos. En la tabla anterior está la participación de los principales impuestos como total de la recaudación tributaria. Los primeros tres gravan consumos y su participación aumenta del 34% en 2014 a más del 36% en 2017. Pero los consumidores no son los únicos insatisfechos, porque uno de los grandes reclamos de las empresas ha sido en contra de la aplicación del impuesto a los débitos y créditos bancarios, que, lejos de desaparecer, sigue siendo tanto o más importante que antes. Mientras que, por el lado de la participación de los más ricos, en términos de pago de impuesto a las ganancias y a la tenencia de bienes su aporte al sostenimiento del Estado cae pero discretamente. Es curioso que todos tengan motivos para estar insatisfechos con las decisiones políticas tomadas hasta el momento.

Es raro también que no se vea que hay tantos insatisfechos. Y es raro hablar de literatura ante un ingeniero que jamás ejerció profesión alguna, pero esto también nos habla de las calidades de nuestros líderes. La cultura o las lecturas no definen – de ninguna manera – la calidad de los líderes. Sí lo hacen las capacidades para ser flexibles y entender el mundo cambiante tal cual es y no como uno cree que es.

Para peor, los pastorcitos se suman cuando no hay un solo responsable por la política económica. Desde hace tiempo todos los economistas venimos pidiendo una voz que sea la que hay que escuchar en la materia, porque un plan implica una dirección clara y las formas de conseguirlo. Esto, que parece obvio, ya no lo es.Los dogmáticos, los soberbios y aquellos que se encierran en sus minúsculos círculos de iluminados nos arrastran por no querer o no poder ver lo que es evidente.

Si siguen así, volveremos a tener otros treintas de agosto tanto o más agitados que el último.

Horas después del 30 de agosto

El lunes 3 de septiembre, habló el Presidente de la Nación. Lo que quiso ser un discurso motivacional, expuso todas sus debilidades: falta de anuncios concretos, falta de espontaneidad, falta de preparación, falta de autocrítica, falta de autoridad. Dijo lo que debió haber dicho al asumir. Y, nuevamente, el haber ocultado la gravedad de la situación, hace que todo se vuelva dudoso.

Admitió que va a hacer lo que no quiere hacer: impondrá impuestos en los que no cree; reduce su “equipo”; admite que no puede hacer lo que quiere. Si el líder no puede, ¿qué nos queda a nosotros?

Minutos más tarde, habló el Ministro de Economía, a quien se daba por despedido desde el día anterior. Él explicó el plan que implica aumento de ingreso y recorte de gastos. Bajo la aparente capa de neutralidad, se cobra a todos un mismo porcentaje, que afecta más a los más pequeños. No se especificaron los instrumentos, no se divulgaron las cifras concretas, sino estimaciones generales y a través de la prensa. No hubo grandes correcciones a los problemas de inequidad en el reparto de los costos de la crisis.

Evidentemente, los problemas de comunicación, encierro y de mando, nos hacen esperar otros treintas de agosto.