EL PERFIL CONSUMISTA ARGENTINO

Por Hernán Neyra

Para ver qué somos o qué queremos ser, no hay nada mejor que vernos en perspectiva. La economía argentina de los últimos años debería dar algunas pistas porque somos parte de ella.
En los últimos años, lentamente, ha venido cambiando el perfil de la manera en que producimos nuestra riqueza. Y si vemos en algún mediano plazo, lentamente cambiamos, casi imperceptiblemente.
Si vemos algunos sectores emblemáticos para la producción de riqueza, como caricatura o grosera simplificación de “los que producen”, la industria, el agro y la minería son algunas de las actividades que uno asocia con el “hacer”. Para no aburrir, los datos se presentan en una tabla de a dos años, porque la tendencia es la misma. Menos datos pero las mismas conclusiones: somos cada vez menos de “hacer”.

cuadro 1

Vemos que la industria pierde participación en la generación de riquez1, lo mismo con el agro salvo en 2016 y 2017; la misma tendencia para la minería. Y lo contrario pasa con las finanzas, por ejemplo. Entonces, si vemos los tres sectores “del hacer”, vemos que juntos representaban aproximadamente un tercio de la generación de riqueza hace poco, unos 14 años, mientras ahora se dirigen a producir solo la cuarta parte de nuestra riqueza como país.
Si bien es cierto que parte del proceso de desarrollo lleva hacia esta tendencia, con mayores participaciones de las actividades terciarias (comercio, intermediación, servicios), en nuestro caso no se debe a que los servicios son más sofisticados sino que cada vez producimos menos, como una tendencia. Hemos discutido, en ronda de trabajo, acerca de la pertinencia de la desindustrialización temprana. Si bien para todas las economías subdesarrolladas se ha dado este proceso2, en nuestro caso, las políticas internas de tipo de cambio bajo han colaborado a la sustitución de producción nacional por producción importada en mayor medida de lo que podría haber sido considerado “normal”.
En la tabla siguiente vemos cuál ha sido la proporción de productos importados respecto del PBI a lo largo de estos años. Un 16,8% del producto importamos en 2004. Hoy estamos importando casi el doble en el primer trimestre de 2018. Por esta razón es que no se trata de una economía “madura” que evoluciona hacia pisos más altos de riqueza3.

cuadro 2

Por el contrario, vemos una sociedad que gasta más de lo que genera, constantemente, y que genera cada vez menos porque produce para sí misma cada vez menos.
Pero lo mismo vemos para las exportaciones: no competimos con el mundo para generar dólares que nos permitan importar cada vez más bienes. Por el contrario, como tendencia, vendemos cada vez menos al exterior como proporción de lo que producimos. En la siguiente tabla se ve el porcentaje de exportaciones argentinas respecto de nuestro PBI.

Cuadro 3

Y aquí empiezan los problemas, porque hemos venido gastando mucho más de lo que producimos. Hasta ahora financiado con endeudamiento. Cuando se acabó, viene el ajuste. Es el momento de enfrentar la cuenta que nos pasa la realidad.
Este debería ser el momento para discutir qué queremos hacer. Sabemos que hay que bajar los niveles de importación y que el endeudamiento es insostenible (también lo saben los prestamistas). Y volvemos a preguntarnos qué perfil productivo querríamos tener.
Nuestro perfil consumista lo conocemos: vacaciones en el Caribe, paseos por Europa, cumpleaños de 15 en Disney. Ahora es el momento de preguntarnos en qué deberíamos trabajar para pagar esos gastos, si socialmente consideráramos que valen la pena esos gastos.
En estos años, con un tipo de cambio artificialmente bajo, hemos subsidiado esos gastos. Y con el mismo tipo de cambio artificialmente bajo (para disfrutar los viajes) hemos sustituido a la producción nacional con bienes importados. Definir el tipo de cambio debería tener en cuenta qué queremos producir, qué queremos exportar y qué queremos importar. Solo sabiendo para qué queremos un cierto tipo de cambio, veremos que ése es un tipo de cambio de equilibrio. Mientras tanto, cualquier nivel cambiario será provisorio porque nadie sabe cuál es el objetivo.
En el siguiente gráfico vemos el tipo de cambio real entre 2008 y 2018. Una década parece un periodo suficiente como para tener una apreciación de mediano plazo. Y a lo largo de toda la década el tipo de cambio cae constantemente. Los únicos momentos en que sube transitoriamente, son: a) la crisis internacional de 2009 que generó una fuerte escasez de dólares pero que no llegó a igualar los valores de tipo de cambio de 2008; b) la devaluación de 2014 con Axel Kicillof, luego de que Cristina Fernández dijera que no lo iba a hacer y que inicia un periodo de caída libre del valor real del dólar; c) la devaluación de fines de 2015 con la salida del cepo y el nuevo gobierno que presenta pisos de valor parecidos a los de 2015; d) la corrida de abril de 2018 y el proceso de inestabilidad que aún estamos viviendo.
Fuera de esos cuatro momentos en que el dólar sube transitoriamente, la tendencia es constantemente a la baja. En el gráfico tomado del Banco Central de la República Argentina, vemos que apenas estamos un poquito sobre el valor de diciembre de 2015 que, en términos largos, era un tipo de cambio bajo respecto del lustro anterior.

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Entonces, ¿qué señal recibe un empresario? En el largo plazo, la economía argentina no está dispuesta a apostar a la actividad productiva que no tenga ventajas asombrosas frente a los demás, porque el tipo de cambio favorece la importación de todos los bienes. Así, la señal de largo plazo es que solo son rentables la soja, el trigo y lo vinculado estrictamente a ventajas naturales. Toda otra ventaja de especialización la estamos boicoteando con la caída secular del tipo de cambio bajo, que es el que queremos, no el que necesitamos.
Así, cuando nos vemos, descubrimos que somos la cigarra que gusta de pasear por Miami y no la hormiga que quiera trabajar y prever que el invierno, tarde o temprano, llegará.
Deberíamos ver que con esta actitud de largo plazo, nuestra economía profundizará su desindustrialización, no temprana en el sentido de Rodrik, sino forzada, a puro desincentivo. Insistimos: creemos que es momento de preguntarnos qué queremos hacer como país teniendo en vista algo más que unas elecciones presidenciales.

1 Se trata de la participación de los distintos sectores económicos como porcentaje del Producto Interno Bruto, calculado a valores constantes. Fuente: INDEC.
2 Puede verse de Dani Rodrik “Premature deindustrization”, http://www.nber.org/papers/w20935.pdf
3 También hemos discutido estas cifras, oficiales, del INDEC. El mismo organismo oficial presenta cifras en las que las importaciones son un 31% del PBI y del 10% del PBI. Evidentemente alguien debería tomar nota de las enormes diferencias porque las decisiones de política que pueden/deben tomarse con esos guarismos son exactamente las contrarias según se considere una u otra. Creemos que el INDEC debería hacer una revisión integral del sistema estadístico aprovechando la nueva coyuntura.