Pensar en términos productivos

Por Hernán Neyra

Imagine que usted efectivamente cree que la Argentina necesita emprendedores. Pero imagine también que no se trata de actividades de poco capital ni escaso valor agregado, sino que usted puede conseguir que varios amigos/socios/conocidos puedan aportar algún buen dinero como para iniciar una actividad productiva de envergadura.

Suponga, entonces, que cuenta con el compromiso/probabilidad de aportes por varios millones de dólares. Usted tiene que pensar una alternativa de negocios (productivo, no financiero). Y empieza a hacerse preguntas.

Primero, tiene que decidir si lo que fuera que vaya a producir (desde alfajores hasta heladeras, por ahora lo mismo da), tendrá como mercado de destino el exterior o el mercado argentino. Por supuesto que no es lo mismo: de eso dependerá no solo el producto, sino también las expectativas.

Supongamos que opta por las heladeras, no será lo mismo exportarlas que venderlas en el país. Si usted decide producir para exportación, no lo hará con marca propia (que no la tiene o no tiene prestigio alguno aún) sino que competirá en el mercado con productores chilenos, turcos, brasileños y chinos, en un mercado en el que algunos compradores le pondrán su propia marca. Usted será uno más entre muchos. Por eso, el objetivo será ganar poco por unidad, pero poder vender gran cantidad de heladeras. En este caso, una pequeña variación en el tipo de cambio puede hacer que usted pierda mucho dinero. Para usted el factor clave es el tipo de cambio.

Ahora bien, si va a vender en el país, a forjar una marca, a prestar servicio post ventas y demás, eso lleva años de afianzar un prestigio que lo distinga. A menos que vaya a vender heladeras baratas por cantidad (gana poco por heladera y el negocio está en el volumen). Si opta por el prestigio, entonces usted querrá saber cuál es la perspectiva de la economía en el mediano plazo (no 12 meses, sino varios años vista), porque de eso dependerá si la gente tendrá mayor poder adquisitivo para comprar sus heladeras – caras -, en base al prestigio de marca que usted quiere. Usted quiere ganar mucho por heladera. Vender menos, pero más caras. Entonces, lo que necesita saber es si la economía crecerá. O no. Y cuál será la tasa de interés, porque la planificación a 5 años no se hace en efectivo. Para usted, el factor clave es la tasa de interés.

Y así llegamos a que usted necesita anticipar tipo de cambio y tasa de interés antes de convocar a sus amigos/conocidos/potenciales socios. Abra el diario o cualquier portal de noticias. Lo que no podrá saber es qué quiere hacer el gobierno ni con el tipo de cambio ni con la tasa de interés. Porque al parecer, ambas dependen de la inflación. Y la inflación no baja. Todo lo hecho en dos años no ha bajado la inflación, sino que la subió (post default) y la bajó a los mismos niveles pre default. Así que no sabemos qué pasará con ella.

En estos días, apenas pasado el primer trimestre del año, los analistas y consultoras vuelven a subir sus proyecciones sobre inflación para 2018. Nadie cree que el Banco Central pueda dejarla en 15-17%. Las expectativas están por el 20%, es decir, como si nada pasara. Hasta el FMI, que suele tomar información oficial, para la Argentina espera más de 4% por sobre lo que acusa el gobierno.

Hace un mes, parecía que iba a volar a $25.- por dólar. La intervención del Banco Central lo bajó a $20,6. Ayer parecía que estallaba y el Central lo bajó a $22.- ¿Sabemos a qué nivel quieren dejarlo? No. No lo sabemos, por lo que el tipo de cambio es igual de impredecible.

En síntesis, en ninguna actividad productiva hay datos objetivos para planificar una nueva producción. Ni alfajores ni heladeras. Dominan la incertidumbre sobre el tipo de cambio y la tasa de interés porque está anclada como variable dependiente de la inflación y, la inflación, no parece bajar. Entonces, sería razonable invertir cuando baje la inflación. El único problema es que la inflación difícilmente baje en una economía en la que los privados no invierten. Parece que estamos en un círculo de difícil solución. Nuestra inflación dista de tener raíz monetaria. Lo que debería ser obvio – estamos en un fuerte reacomodamiento de precios relativos sin pautas claras por parte del gobierno -, no parece ser tan claro. La creencia de que la inflación se frena con política monetaria contractiva se choca todos los días contra la pared de la realidad.

Hasta que no haya un horizonte cierto y - lo que es más importante -, un rumbo claro, va a ser difícil que la economía crezca. Eso sí: se pintará de color amarillo gradual. Pero ese gradualismo no es virtud si no tiene norte. Sin rumbo, ni siquiera el gradualismo puede ser bueno porque resultar ser una simple dilatación de las decisiones.

La falta de un plan y de una verdadera orientación económica, que incluya todas las variables y que ordene los comportamientos, atenta contra cualquier resultado útil. Un Banco Central que sube tasas, un Ministerio del Interior que lanza planes de obras públicas, un Ministerio de Economía que busca bajar el déficit mientras un Ministerio de Finanzas aumenta la deuda y el peso de los intereses en el presupuesto… se trata de medidas con efectos macroeconómicos contradictorios. Por eso siempre parece que arranca… pero no lo hace.

Y mientras tanto, seguiremos esperando – en vano -, que los inversores inviertan. En este contexto, será siempre mucho más rendidor juntar a los amigos/socios para invertir en LEBACs o en el título que los remplace. Y ahí tendremos al Banco Central de nuestro lado: augurándonos un futuro venturoso de altas tasas de interés para nuestras inversiones. Claro: inversiones financieras, que son las que los argentinos prefieren desde los lejanos años setentas.