OTRA QUE PAÍS DE JARDÍN DE INFANTES

Por Alejandro Peyrou

Las decisiones del gobierno de los últimos meses, muchas veces parecen irracionales. Proponer la ley del aborto sin estar de acuerdo con la misma es, sin duda, extraño. No parece razonable imaginarse que se deba a un impulso democratista del tipo “que se discuta”. De hecho, los resultados no han hecho más popular al gobierno.

Otros de los hechos tienen características iguales y diferentes: la modificación de la ley de defensa y seguridad también es extraña. El gobierno pasó de ofrecer un incremento salarial del 8% a las fuerzas a promulgar este decreto y un salario 20% superior con un mes de diferencia. Algún analista interpretó que trataba de consolidar el voto militar para el 2019. Puede ser. Los estrategos oficiales podrían haberlo pensado 30 días antes. Al mismo tiempo, es difícil aceptar que una modificación de esa envergadura pueda hacerse por decreto. ...Era obvio que despertaría protestas. Parece que el gobierno piensa que las protestas lo benefician. De hecho polarizan y dividen a la sociedad.

Durán Barba es un gran propagandista de crear divisiones para ganar. Polarizar, se dice. Por supuesto DB no fue el inventor de esa teoría, su ideólogo fue Carl Schmidt y su entusiasta operadora previa fue Cristina K. Pero a DB le fue mejor que a ella y aún hoy cree que contra CK, M gana siempre. Es posible que se equivoque, esta vez. Pero para estar seguro mejor esperar un tiempo.

El tema de los cuadernos puede también seguir esta lógica. Es público para cualquiera, más o menos informado, la existencia de carteles de empresas para ganar obras públicas. En su forma actual, por lo menos desde los años 60. Sí puede cambiar la voracidad de los funcionarios políticos. Desde ese punto de vista es central y prioritaria la modificación de la legislación que ordena la contratación de obras y servicios públicos, como insiste el ex senador Pedro del Piero. Al mismo tiempo, sería más que oportuno que en los sucesos judiciales actuales se garantizara que el objetivo principal es la decencia en el manejo de los fondos públicos y no tanto la reelección presidencial.

No es un tema menor. El problema es que a los países fragmentados, que a las sociedades fragmentadas les resulta muy difícil desarrollarse y crecer. Las luchas internas hacen fracasar a los países aunque –a veces- hagan ganar elecciones.

De hecho, la mayoría de los problemas que tiene nuestro país precisan grandes acuerdos para su resolución. A veces los grandes acuerdos son necesarios aún para empezar a discutir los temas. No es imaginable cambiar profundamente y prestigiar a la justicia desde un gobierno de minorías. No es posible conseguir que la educación en las provincias pueda crecer hasta que los chicos sean la prioridad desde un gobierno de minorías y ¿la seguridad? ¿Y la economía? ¿Y el financiamiento de la política? ¿Y las reformas a la ley de obras públicas para que las empresas no continúen cartelizándose?

En este contexto es mejor recordar que este gobierno es de minorías y es más que probable que el próximo también lo sea, cualquiera sea su signo.

Parece que la grandeza que se precisa para gobernar es diferente a la actitud que se precisa para llegar al gobierno.